Es frecuente encontrar artículos que hacen referencia al aumento de síntomas de ansiedad entre los ciudadanos debido a la pandemia de la COVID-19. Un estudio canadiense comentado en El País apunta a que los problemas de ansiedad son cuatro veces más frecuentes según la OMS. Pero ¿Qué es la ansiedad? ¿Cuáles son sus síntomas? Y lo más importante ¿Cómo afrontarla?

La ansiedad es una emoción desagradable pero completamente normal, humana, y tiene tanto componentes mentales como físicos. Estos componentes (taquicardias, temblores de manos y/o piernas, sequedad bucal, preocupaciones persistentes y repetitivas, sensación de pérdida de control…) son siempre de carácter anticipatorio. Esto quiere decir que no aparecen ante un peligro real e inminente, si no ante la idea de que algo pueda ocurrir. Pueden aparecer repentinamente a modo de crisis (los conocidos como “ataques de ansiedad”, durante los cuales pueden llegar a surgir pensamientos de muerte y/o infarto debido al tremendo malestar que generan) o de forma difusa en el tiempo.


Como hemos comentado anteriormente, la ansiedad es completamente normal, y es de hecho evolutivamente muy importante. Nos ha permitido como especie anticiparnos a posibles peligros y problemas, facilitando así nuestra adaptación o evitación de situaciones difíciles y peligrosas. Sin embargo, una exposición continua y duradera a la ansiedad puede provocar graves problemas. Por ejemplo: dificultades para dormir, malinterpretación de situaciones ambiguas, sensación general de tensión, incomodidad e insatisfacción con nuestra vida. Es necesario por lo tanto tener algunas herramientas para poder afrontar la ansiedad y no dejar que domine nuestra vida. A continuación, se presentan algunas ideas generales para poder hacerle frente de forma saludable:
1. Normalizar nuestras emociones:
Hoy en día, por culpa de la crisis sanitaria y económica mundial es normal que nuestras vidas estén llenas de dudas e incertidumbres, y que por consiguiente sintamos más ansiedad que de costumbre. Es por ello que el primer paso que hay que dar para manejar la ansiedad es el de observar nuestra situación vital actual y ver si nuestras preocupaciones son reales. De ser así, debemos aceptar nuestras emociones como una reacción normal a una situación anormal, y no castigarnos por sentir lo que sea que estemos sintiendo.
2. Cambiar nuestra actitud hacia la ansiedad:
Lo siguiente y posiblemente más difícil es abandonar la idea de que a la ansiedad hay que controlarla, como si fuese un perro rabioso que hubiese que encerrar en una jaula, la ansiedad es una emoción más y hay que saber cómo tratarla, sin identificarla como un enemigo al que derribar.
3. Manejar los componentes fisiológicos de la ansiedad:
Estos componentes son posiblemente lo más desagradable de la ansiedad, sobre todo aquellos relacionados con la frecuencia cardiaca y respiratoria, ya que en bastantes ocasiones llevan a la gente a acudir a urgencias hospitalarias pensando que algo terrible les está ocurriendo. Para reducir la frecuencia cardiaca lo más útil es la respiración diafragmática profunda. Esto se puede completar con la relajación de aquellos músculos y articulaciones que solemos contraer ante situaciones de tensión.
Otro gran recurso que nos permite manejar la activación fisiológica de forma más dilatada en el tiempo es el llevar a cabo esfuerzos físicos o mentales de forma cotidiana, ya sea a través del deporte o de actividades que requieran de una gran concentración y esfuerzo mental.
4. Llevar a cabo acciones útiles:
Si nuestras preocupaciones son, como hemos comentado antes, reales, deberemos buscar una manera de solucionarlas y no simplemente darle vueltas a ese tema en nuestra cabeza. Para ello deberemos plantear diferentes posibles soluciones y valorar cuál es el que más se ajusta a nuestras posibilidades y a los resultados que deseamos.



Como ya hemos comentado antes, estas pautas son de carácter general y no pueden sustituir una terapia profesional ya que las preocupaciones e incluso los síntomas físicos de la ansiedad son individuales y varían de una persona a otra. Es por ello que, si pese a seguir estas pautas la ansiedad no remite, recomendamos que busque la ayuda de un profesional de la salud mental, que estará más que encantado de poder ayudarle.