A todos nos ha pasado: tenemos que comprar algo concreto, echar unas cartas al buzón de correos, pedir cita para cortarnos el pelo… pero pasan los días y nos entretenemos, ya sea por nuestras obligaciones, por planes de ocio que surgen o porque al llegar a casa después del trabajo nos tiramos a relajarnos un rato y ni se nos pasa por la cabeza que teníamos que comprar una nueva bombilla para el baño. En la mayoría de los casos no se deben a deficiencias cognitivas o problemas de memoria, simplemente se deben a que nuestra vida está llena de estímulos que requieren de nuestra atención y hacen que otros queden en segundo plano. Vamos a repasar por lo tanto algunos trucos para evitar esos olvidos cotidianos.


La manera más fácil de acordarnos de hacer ciertas cosas es por lo tanto conseguir que unas “claves” bien colocadas en nuestros contextos nos recuerden lo que tenemos que hacer. Hay mil maneras de conseguirlo, a continuación, daremos unas cuantas ideas que podéis versionar a vuestro aire para que se ajusten lo mejor posible a vuestra situación.
Un punto importante:
Este truco es bueno para acordarnos de hacer algo repetidamente, sobre todo cuando queremos incorporarlo en nuestra rutina o cambiar algunos hábitos, como por ejemplo hacer deporte, no picar entre horas, meditar más a menudo… En muchas tiendas se pueden encontrar pegatinas en forma de puntos (cómo las que ponen los profesores en sus cuadernos cuando un alumno hace algo bien) de colores muy llamativos, y cuanto más llamativo sea el color mejor. El objetivo es pegar uno de esos puntos en un lugar que vayamos a ver sí o sí y que nos recuerde que hay algo que queríamos hacer. En el caso de picar entre horas, por ejemplo, se puede pegar en la puerta de la nevera o del armario al que solemos acudir para recordarnos que estamos intentado hacer algo diferente cada vez que nos encontremos frente a ello.
El saco de la memoria:
Esta técnica está muy bien para acordarnos de cosas que tenemos que hacer fuera de casa, como echar unas cartas al buzón, comprar algo puntual, tirar algo a la basura, etc… Consiste en dejar algún tipo de saco o bolsa colgado en el pomo interior de la puerta de nuestra casa, y en ese saco meter algo que nos recuerde lo que queríamos hacer (dejar las cartas que queremos enviar dentro del saco, la bombilla que está fundida y queremos sustituir, un periódico viejo que nos recuerde que queremos hacer limpieza de periódicos y revistas en casa, etc…).
El intruso:
Este simple truco está muy bien cuando queremos acordarnos de hacer algo puntual en nuestra casa o trabajo de lo que nos solemos olvidar, y consiste en colocar un objeto completamente fuera de lugar, en una posición en la que no podamos evitar toparnos con ello. Si por ejemplo sabemos que siempre nos olvidamos de apagar algún equipo electrónico en casa o en el trabajo antes de irnos, podemos dejar en mitad del pasillo un objeto que no pinte nada ahí. Si por ejemplo antes de irnos a la cama tenemos tendencia a dejarnos encendido el aire acondicionado, podemos dejar un libro en mitad del suelo cuando lo encendamos, así, al irnos a la cama no podremos evitar ver el libro y pensar: “¿Qué hace eso ahí? ¡Ah ya, el aire!”



Como podéis ver los trucos son muy sencillos y se pueden versionar a placer para que se ajusten lo mejor posible a nuestra situación. Lo más importante es que los trucos tengan una clave lo suficientemente llamativa y que esté claramente en nuestro campo de visión. Como hemos dicho al principio estos olvidos no se deben a que tengamos problemas de memoria o “seamos un desastre”, si no que nuestro día a día está repleto de distracciones, demandas y estresores que hace muy difícil que nos acordemos de todo.