Ningún trabajador está exento de padecer en algún momento de su vida el síndrome del trabajador quemado (burnout), pero los sanitarios son una población de especial riesgo. Recientemente, en España, se publicó un estudio en el que se aseguraba que los problemas de salud mental hacían que casi la mitad de las enfermeras se planteasen dejar la profesión, algo muy llamativo teniendo en cuenta el carácter vocacional de dicha profesión. A continuación vamos a ver que es exactamente el síndrome del burnout, por qué los sanitarios son una población de riesgo y algunas pautas para manejarlo mejor.
¿Qué es el burnout?
El síndrome de burnout es un conjunto de síntomas que aparecen en trabajadores expuestos, de forma continuada y prolongada en el tiempo, a grandes demandas emocionales, altos niveles de exigencia, horarios de trabajo largos o desestructurados y/o grandes esfuerzos físicos sin las herramientas necesarias para realizarlos. Los síntomas suelen ser:
- sensación de desbordamiento
- dolores físicos frecuentes
- incapacidad para concentrarse en el trabajo
- falta de energía
- sentimientos de frustración y fracaso
- estado de ánimo irritable
El autor Maslach va más allá, y define el burnout en profesionales sanitarios como un síndrome compuesto por tres grupos de síntomas: el cansancio emocional, la despersonalización y la falta de realización personal. El primer componente hace referencia al esfuerzo emocional que tiene que hacer el trabajador por el propio trabajo. Este esfuerzo le deja sin «reservas» emocionales suficientes para seguir con su trabajo o con sus propias relaciones personales. El segundo es un cambio de actitud hacia las personas que reciben los cuidados. Supone la aparición de unos sentimientos y actitudes negativas y cínicas acerca de la persona con la que se trabaja. Este endurecimiento y deshumanización puede llegar a generar pensamientos tales como que los pacientes son merecedores de lo que les ocurre. Finalmente la falta de realización personal se refiere al sentimiento de insatisfacción y descontento con uno mismo y con la labor que se desempeña.
En cuanto a las causas del burnout en el caso de los profesionales sanitarios, Cherniss realizó todo un desglose, dividiendo esos desencadenantes en cuatro categorías en función de su origen:
- Contexto organizacional
- Características de las tareas
- Variables personales del profesional
- Características de las personas atendidas
Enumerar todas y cada una de las causas llevaría mucho tiempo para un artículo como este que estamos escribiendo. Sin embargo, queremos incidir en que las causas que dependen de la organización duplican el número de las que dependen de los profesionales. Es decir, que desde un punto de vista psicosocial, el mayor esfuerzo en prevención debería venir por parte de las organizaciones.
¿Por qué los sanitarios están en una situación de riesgo?
Acabamos de dar parte de la respuesta a esta pregunta, y es la gran cantidad de variables que dependen de la organización:
Muchos sanitarios tienen turnos de trabajo rotativos, lo cuál es una fuente de estrés. Por el sistema sanitario (al menos en España) muchos profesionales viven en un casi permanente estado de incertidumbre con respecto a su contrato, salario… Muchos profesionales rotan entre diferente servicios, imposibilitando al creación de un buen equipo de trabajo. La cantidad de procesos burocráticos que tienen que sortear los propios profesionales de la salud para poder realizar sus labores… Estas son solo algunas de las problemáticas a las que los profesionales sanitarios se enfrentan en nuestro país.
A lo anteriormente mencionado hay que añadir que la propia naturaleza de su trabajo supone una gran carga emocional. Los sanitarios están expuestos de forma casi cotidiana al sufrimiento y malestar ajeno. Sufrimiento que en ocasiones es difícil de solventar debido a demandas burocráticas, tecnicismos, falta de material y/o recursos…
Como mencionábamos en la introducción, pese a que nadie está exento de padecer el síndrome del trabajador quemado, los profesionales de la salud tienen muchas más variables de riesgo que la mayoría de los trabajadores.



¿Cómo prevenir/paliar el burnout?
Como mencionábamos antes, el principal esfuerzo debería venir por parte de las organizaciones. Deben de ser ellos quienes reconozcan la susceptibilidad de las condiciones de trabajo de producir riesgos laborales psicosociales. Deberán diagnosticar dichos riesgos y llevar a cabo acciones que los eliminen o minimicen. Por desgracia en España, a raíz de la pandemia de la COVID-19, la situación no ha hecho más que empeorar. La carga de trabajo y emocional ha aumentado, y sin embargo, las organizaciones no parecen estar por la labor de modificar su forma de trabajo.
En cuanto a las acciones que pueden llevar a cabo los propios profesionales, hay que diferenciar entre dos tipos:
- acciones dirigidas a la solución de problemas
- acciones dirigidas a la gestión emocional
Cuándo la fuente de estrés se pueda eliminar o modificar lo suyo es sentarse a planear la forma de solventar dicho problema. En el caso de que los estresores no sean modificables (como suele ser el caso de los sanitarios), las estrategias empleadas deberían estar encaminadas a la regulación emocional.
¿En qué consiste la regulación emocional?
La regulación emocional no consiste en controlar nuestras emociones, o en decidir cuando sentir una cosa u otra. La regulación emocional es la capacidad de actuar de una forma apropiada y saludable ante emociones y pensamientos desagradables. Se incluye también en la regulación emocional la capacidad de generarse a uno mismo emociones y pensamientos positivos.
Para gestionar mejor nuestras emociones desagradables primero deberemos aceptarlas. Nuestras emociones no son más que reacciones naturales a aquello que nos ocurre. Algunas de esas emociones pueden ser desagradables, pero es no significa que deban desmoronar nuestra vida. Para ello es necesario esclarecer aquellas cosas que son importantes para nosotros, tanto dentro como fuera del trabajo. Cuándo sepamos cuáles son esas áreas, tendremos que pensar en acciones concretas que nos permitan cuidar de ellas, independientemente de cómo nos sintamos. Esas acciones las llevamos a cabo porque son importantes para nosotros como personas, no por como nos hace sentir nuestra situación vital actual.
Cabe señalar también la importancia de los autocuidados, fundamentales para el manejo de cualquier situación complicada. Algunos de esos autocuidados, como ya mencionamos en un artículo anterior, serían: el deporte, la meditación, practicar la respiración diafragmática, comer y dormir bien…



Aprender a regular nuestras emociones es todo un proceso que puede ser complicado sin ayuda. Si crees que te puedes beneficiar de la ayuda de un profesional te animamos a que te pongas en contacto con nosotros.