Es indudable que conocer las posibles causas de la depresión puede ser de gran utilidad. Nos puede permitir prevenir la aparición sus síntomas o al menos intervenir en una fase más leve. Con este objetivo en mente vamos a repasar algunos de los motivos por los que suele aparecer la depresión. Os recomendamos también, que si queréis conocer en detalle la depresión y como superarla, acudáis a este artículo anterior.
Depresión a causa de una crisis
Estás suelen ser las más evidentes ya que resulta fácil asociar la depresión a un evento puntual en la vida de la persona. Como ya mencionamos en un artículo anterior, una crisis es un evento repentino que tiene un importante impacto emocional en una o varias personas y que supone una ruptura de los planes a corto, medio o largo plazo de las personas implicadas. Cabe apuntar que no tiene por qué ser algo negativo: tener un hijo, por ejemplo, puede considerarse una crisis.
A raíz de este evento nuestra conducta cambiaría; abandonaríamos ciertas actividades y conductas gratificantes, lo cuál nos llevaría a sentirnos peor con nosotros mismos, más desmotivados, con un peor estado de ánimo… Este bajo estado de ánimo nos podría hacer abandonar otras conductas saludables, entrando así en un circulo vicioso que podría acabar en depresión.
Depresión a causa de un contexto empobrecido
Al contrario que en el apartado anterior, puede ocurrir que una depresión se origine poco a poco, sin que podamos identificar un evento claro como desencadenante. Esto quiere decir que a raíz de ciertas variables de nuestro contexto no podemos llevar a cabo aquellas cosas que son importantes y/o gratificantes.
Podría ser el caso de un niño cuya familia vive lejos del colegio con lo que apenas puede socializar con sus compañeros fuera del contexto escolar. Padres que además le prestan poca atención y cuando lo hacen es solo para castigar cierta conductas… O personas con pocos recursos, que únicamente pueden destinar su tiempo al trabajo y al cuidado de sus seres queridos…
Depresión por causas orgánicas
Existen problemas a niveles biológicos que pueden desencadenar depresiones, como por ejemplo un mal funcionamiento de la glándula tiroides. Por desgracia es muy difícil saber si dicha glándula está funcionando correctamente o no al no ser que se nos realicen los análisis pertinentes. Algunos de los síntomas que aparecen pueden ser: tener la cara hinchada, cansancio anormal, aumento de peso, frío, disminución de la frecuencia cardíaca, estreñimiento y debilitamiento del cabello. La intervención en estos casos necesitará ser de carácter farmacológica ya que la manera de compensar el funcionamiento anormal de la glándula tiroides es a través de medicación.



Es de vital importancia confirmar lo antes posible si una depresión es de origen biológico o no. Esto se debe a que si es de origen biológico, una intervención psicológica podría ser una perdida de tiempo y dinero. Por ello, el primer paso más recomendable es el de acudir a nuestro médico a explicarle nuestra situación y pedir, si es posible, que lleven a cabo los estudios pertinentes. Sea cual sea el caso tenemos que tener claro que existen tratamientos eficaces para la depresión, ya sea esta leve, moderada o grave.