Hoy en día es de lo más frecuente encontrar todo tipo de productos que nos venden mensajes positivos: cuadernos, láminas para colgar en el salón, estuches, fundas para nuestros smartphones, publicaciones en redes sociales… Estos productos vienen a decir todos lo mismo: lo bueno es ser feliz, lo cual implica que lo que no sea estar feliz es malo. A continuación vamos a ver de dónde viene la idea del positivismo en lo referente a la conducta humana, por qué durante los últimos años se viene hablando del positivismo tóxico y qué hacer para evitarlo.
¿Qué es el positivismo en psicología?
En 1990, Martin Seligman, profesor de la Universidad de Pensilvania y antiguo Director de la Asociación Estadounidense de Psicología, sentó las bases de la psicología positiva. Es una corriente de la psicología cuyo objetivo es estudiar diversos aspectos del ser humano estrechamente ligados a la felicidad, como las emociones positivas, la curiosidad, la resiliencia o el optimismo. Establece que la felicidad y el placer son indispensables para el bienestar, pero puntualiza que estos dependen del contexto y que no son las únicas emociones y sentimientos válidos. Al pasar los años, esta visión se fue desvirtuando, radicalizando y abriéndose paso en nuestro día a día: el famoso positivismo tóxico.
¿Qué es el positivismo tóxico?
El positivismo tóxico es la versión radicalizada de lo que planteó en su momento Seligman. Se ha convertido en un movimiento en el que se persiguen constantemente los pensamientos negativos y se intentan sustituir por pensamientos positivos, se vende la idea de que el mundo es un lugar maravilloso donde nada hace daño y donde por lo tanto hay que sentirse bien… En resumen, se ha convertido en una corriente que impone el optimismo como modo de afrontamiento, negándole a las personas sus emociones y pensamientos dolorosos.
¿Qué consecuencias tiene el positivismo tóxico sobre nuestra salud mental?
El impacto más negativo que tiene sobre nuestra salud es la actitud que inculca en nosotros hacia las emociones desagradables. Si bien es cierto que pueden resultar muy incómodas, esos pensamientos y sentimientos son inevitables en nuestro día a día; es imposible que todo nos salga bien, ser el mejor en todo, ver siempre el lado bueno lo malo que nos ocurre… En definitiva, es imposible sentirse siempre feliz. Sin embargo, el positivismo tóxico nos «obliga» a ser optimistas, negándonos el derecho a frustrarnos, a estar tristes, a estar ansiosos… nos niega nuestra propia condición humana, echándole sal a la herida. El positivismo tóxico coge la famosa frase de Buda: «El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional», y la pervierte: «Tienes que evitar el dolor o sufrirás».



¿Cómo evitar ser positivamente tóxico?
A modo de conclusión queríamos identificar algunas verbalizaciones tóxicas frecuentes que puede que estemos llevando a cabo para procurar cambiarlas por unas más saludables. Muchas de las verbalizaciones nuevas que vamos a recomendar están íntimamente ligadas a los primeros auxilios psicológicos, por lo que os recomendamos que os paséis por el artículo que escribimos al respecto.
«No te preocupes ¡sé feliz!» -> «¿Qué te preocupa? ¿Puedo ayudarte?»
«Podría ser peor» -> «Siento que estés pasando por algo así…»
«Todo ocurre por una razón ¡al mal tiempo buena cara!» -> «Es normal pasarlo mal, no te machaques por no estar al cien por cien»
«¡Ya lo superarás y aprenderás de ello!» -> «Más adelante te sentirás mejor pero entiendo que ahora lo estés pasando mal»
«Hay gente que lo tiene peor que tú» -> «Aunque otros lo pasen peor que tú eso no hace que tu malestar sea menos legítimo»