A raíz de la pandemia de la COVID-19, la salud mental ha cobrado la importancia que se merece. Desgraciadamente, los medios de comunicación, en su afán por normalizar y tratar la salud mental (con muy buena intención), cometen errores frecuentemente. Uno de los más llamativos para los psicólogos es como hablan indistintamente de trastorno y enfermedad mental. Sin embargo, las diferencias son muy importantes y pueden influir mucho en la percepción que tiene la gente de su salud y su malestar. A continuación vamos a indagar en sus puntos comunes y diferencias.
¿Qué tienen en común?
El punto clave fundamental para que un conjunto de síntomas sea categorizado como enfermedad o trastorno mental es que tengan un impacto negativo en una o varias áreas importantes de la vida. Es decir, estar triste tras el fallecimiento de nuestra mascota es completamente normal, y pese a estar tristes podremos trabajar, quedar con nuestra familia o amigos, limpiar nuestra casa, etc. Sin embargo, sentirnos tan mal durante meses que empezamos a dejar de ir al trabajo, de quedar con amigos, o dejamos de lado las tareas del hogar… significaría que esa tristeza está teniendo un impacto negativo en una o más áreas de nuestra vida y podría categorizarse como depresión.
Pese a que este elemento sea común a las enfermedades mentales y a los trastornos, la principal diferencia es de tremenda importancia.
¿Cuál es la diferencia?
Lo que separa las enfermedades mentales de los trastornos mentales es su origen. Mientras que el origen de una enfermedad mental es orgánico (es decir que se encuentra en las estructuras de nuestro cerebro y en el equilibrio bioquímico de nuestro organismo), el de los trastornos mentales es conductual (es decir que se adquieren a través de nuestra conducta). Ejemplos de enfermedad mental serían la esquizofrenia o el trastorno bipolar, que tienen su origen en un funcionamiento disfuncional de nuestro sistema nervioso. Por otro lado, algunos ejemplos de trastornos mentales (o de la conducta) podrían ser una fobia específica, ansiedad social o ansiedad generalizada. Estos trastornos se adquieren por nuestra forma de sentir, pensar y/o actuar en diversos contextos, no porque que nuestro sistema nervioso no funcione correctamente.
¿Por qué es tan importante diferenciarlos?
A día de hoy, por desgracia, no existe una cura para las enfermedades mentales. Existen tratamientos farmacológicos que ayudan a controlar los diversos síntomas que pueden generar, pero una persona que padezca esquizofrenia la padecerá toda su vida (al no ser que se encuentre una cura en un futuro no muy lejano) y posiblemente requiera tomar su medicación y acudir a su psiquiatra de forma habitual. Sin embargo, los trastornos mentales, al ser «aprendidos» pueden ser «desaprendidos».

Es de vital importancia que como sociedad interioricemos este concepto: pese a que los trastornos generan un gran malestar, su origen es emocional y conductual, no orgánico. No son una serie de procesos anormales e ineludibles que nos empujan a llevar a cabo acciones incontrolables. Tenemos el poder y la capacidad de cambiarlos.