Se lleva hablando coloquialmente del estrés desde hace ya muchos años, tanto que se ha convertido en algo natural que nos acompaña siempre, como una sombra. ¿Quién no conoce a alguien que haya ido al médico por una gripe o catarro y haya recibido la respuesta de “Eso es por el estrés”? Resulta por lo tanto interesante saber que es ese estrés del que tanto hablamos, que lo causa y saber si podemos darle esquinazo.

1- Breve repaso sobre el estrés
El estrés es una respuesta de nuestro cuerpo, completamente natural, que nos ayuda a adaptarnos a situaciones cambiantes o difíciles en nuestro día a día. Cuando nuestro cerebro percibe un cambio o un reto, dispara toda una cadena de procesos que nos permite enfrentarnos a dicho problema:
- nuestro cuerpo empieza a liberar adrenalina y cortisoles, estos aumentan nuestra frecuencia cardiaca y respiratoria
- se dispara la liberación de glucosa para darle energía a nuestro cuerpo
- nuestros músculos se preparen para la acción
- nuestros sentidos se agudizan
Es por lo tanto un mecanismo adaptativo muy útil y necesario que tienen (casi) todos los animales del planeta y que les ayuda a sobrevivir. Esto choca bastante con la idea que tanto repetimos de que el estrés es malo. Lo que diferencia el estrés “bueno” del “malo” (teniendo en cuenta que realmente no existe esa diferenciación) es la duración del mismo.
Estar expuestos a situaciones estresantes puntuales, pero con tiempo para que nuestro cuerpo descanse no es malo. Sin embargo, estar expuesto a situaciones estresantes de forma prolongada en el tiempo y sin periodos de descanso suficientes puede ser nocivo para nuestro organismo. Todos esos mecanismos que a corto plazo mejoran nuestra capacidad de reaccionar, a largo plazo nos acaban “quemando”. Algunos de los efectos negativos son: problemas de sueño, cambios de humor, enfermedades leves recurrentes, peor memoria, despistes frecuentes…
El estrés es por lo tanto una respuesta automática y natural de nuestro organismo que nos permite adaptarnos a situaciones difíciles y cambiantes en nuestro entorno. Es una respuesta que no se puede controlar (es decir que no decidimos como y cuando se da) y si se mantiene durante mucho tiempo puede llegar a hacernos daño ¿Cómo podemos entonces hacer para manejarlo?
2- ¿Cómo manejar el estrés?
Como acabamos de ver, el estrés no se puede controlar, por lo tanto no podemos decidir no estar estresados si estamos viviendo unos momentos muy exigentes en nuestra vida. Lo que sí podemos hacer es ayudar a que el nivel de estrés baje más en esos periodos de descanso que se producen entre situaciones estresantes. Las pautas que vamos a ver a continuación son muy parecidas a las que ya vimos en nuestra anterior publicación sobre ansiedad ya que como posiblemente habéis podido observar, las reacciones físicas (taquicardias, frecuencia respiratoria, tensión muscular…) son muy similares.



-Respiración diafragmática profunda y esfuerzos fisiológicos:
La respiración resulta muy útil para hacerla tanto en los momentos de descanso como durante los periodos de estrés. Sin embargo, para esto último hay que primero practicarla hasta dominarla por completo en reposo. La respiración se puede completar con la relajación de aquellos músculos y articulaciones que solemos tensar ante situaciones complicadas. Una vez más esto se puede llevar a cabo durante los eventos estresantes, pero requiere de una práctica previa para poder realizarlo cómodamente. Por otro lado necesitamos eliminar todas esas sustancias que nuestro cuerpo produce en periodos de alto estrés a través de esfuerzos físicos o mentales. Puede ser a través del deporte o de actividades que requieran de una gran concentración y esfuerzo mental.
-Valoración cognitiva:
Otra parte importante de la respuesta de estrés es la valoración que se hace de la situación. Es decir que para que se dé la respuesta de estrés nuestro cerebro tiene que valorar una situación como difícil o complicada. Esto es importante ya que si a la hora de enfrentarnos a una situación compleja nos damos mensajes positivos a nosotros mismos (del tipo: “esto es complicado, pero me he enfrentado antes a cosas parecidas y salió bien”, “es difícil, pero si me lo tomo con calma y me fijo bien seguro que lo puedo conseguir” o “es algo novedoso, pero puedo preguntar y buscar información” …) podemos lograr que la reacción de nuestro cuerpo no sea tan exacerbada.
-Autoconocimiento:
Por último, conviene analizar aquellas situaciones que nos producen estrés. No podemos decidir cuándo nos estresamos, pero si podemos decidir (hasta cierto punto) en que situaciones nos involucramos. Es habitual que el trabajo sea una fuente de estrés y a la cual no podemos renunciar, sin embargo, podemos decidir, en función del nivel de estrés que tenemos, involucrarnos en ciertas actividades que sabemos que no nos hacen bien, aunque eso suponga tener que decirle que no a algún amigo o familiar.
Como solemos avisar al final de las publicaciones, estas pautas son de carácter general y no pueden sustituir una terapia profesional. Es por ello que, si pese a seguir estas pautas, se siente sobrepasada por el estrés al que está expuesta/o a diario, le recomendamos que busque la ayuda de un profesional de la salud mental, que estará encantado de poder ayudarle.